Informe · Infancia, pantallas e IA · 2015–2026

La generación conectada

Cómo cambiaron las rutinas, la información y la vida de niños y adolescentes de 6 a 18 años en la última década — del patio al teléfono, del confinamiento a la IA — y qué podemos hacer familias, escuelas y estudiantes para convivir con lo que viene.

Alcance
2015 → 2026 · 6–18 años
Mirada
Hogar · Escuela · Salud mental
Eje
La tesis de Jonathan Haidt
“Hemos sobreprotegido a los niños en el mundo real y los hemos desprotegido en internet. No los dejamos ir solos a la esquina, pero les damos un teléfono con acceso ilimitado a todo.”

Jonathan HaidtPsicólogo social, Universidad de Nueva York · autor de La generación ansiosa (2024)

Dos niñas corriendo y jugando en el pasto
Del patio al teléfono
El contexto

Una década en tres actos

En apenas diez años, la experiencia de crecer se reconfiguró por completo. Haidt lo llama “la Gran Reconfiguración de la infancia”: el paso de una niñez basada en el juego libre a una basada en el teléfono y las pantallas. La transición no fue lineal; ocurrió en tres oleadas.

2015–2019 · El terreno preparado

El smartphone ya está en casa, pero todavía no domina la rutina. En España la edad media para tener un móvil propio con internet ronda los 11,8 años; muchos menores superan las dos horas diarias de pantalla recomendadas. La brecha digital es de acceso: quién tiene dispositivo y conexión y quién no.

2020–2021 · La aceleración forzada

El cierre de escuelas convierte la pantalla en el único puente hacia la educación y los amigos. El tiempo de pantalla se dispara —un metaanálisis estima un +52% global— y en muchos hogares el uso pasa de 2 a más de 4 horas diarias. Lo que era ocio se vuelve, además, aula, patio y plaza.

2022–2026 · La IA entra en escena

Tras el confinamiento, el hábito digital no retrocede: se normaliza. Y sobre ese terreno llega la IA generativa. En dos años el uso de ChatGPT para tareas escolares se duplica, mientras gobiernos de todo el mundo empiezan a sacar los celulares de las aulas. Convivimos con dos cambios a la vez.

La tesis central

La paradoja de la sobreprotección

La frase que abre este informe describe una inversión de nuestros instintos protectores. En el mundo físico, la infancia se volvió cada vez más vigilada y acotada. En el mundo digital, en cambio, entregamos a los mismos niños una puerta abierta a todo, casi sin acompañamiento.

En el mundo real

Más protección

  • Menos juego libre y no supervisado
  • Menos exploración independiente (“ir solo a la esquina”)
  • Agenda organizada y vigilada por adultos
  • Temor mediático a peligros físicos poco probables
En internet

Menos protección

  • Acceso ilimitado desde edades muy tempranas
  • Redes y apps diseñadas para captar la atención
  • Exposición a contenido adulto, contacto y comparación
  • Poca mediación o alfabetización digital acompañada

Para Haidt, esta asimetría tiene un costo. Argumenta que el juego libre y la exploración autónoma son los que enseñan a gestionar el riesgo y a construir vínculos reales; al suprimirlos, dejamos a los jóvenes sin herramientas para afrontar las ansiedades normales de crecer. Su lectura de los datos sitúa alrededor de 2010–2015 —cuando se combinan el smartphone masivo y las redes sociales— un punto de inflexión: desde entonces suben de forma sostenida los diagnósticos de ansiedad y depresión en adolescentes de los países desarrollados, y las autolesiones entre jóvenes casi se triplican entre 2010 y 2020, con las chicas como grupo más afectado.

Una nota de equilibrio

La tesis de Haidt es influyente pero también debatida. Varios investigadores señalan que la relación entre pantallas y salud mental es de correlación —no necesariamente de causa directa— y que intervienen otros factores: presión académica, la propia sobreprotección parental, el contexto socioeconómico. La evidencia justifica actuar con prudencia, sin reducir un fenómeno complejo a una sola causa.

El hogar

Lo que cambió puertas adentro

El dispositivo se volvió temprano, permanente y central. Tres indicadores cuentan la historia: a qué edad llega el teléfono, cuántas horas ocupa, y cómo altera lo básico —el sueño, la comida, la conversación.

~11,8 años
Edad media del primer smartphone con internet (España)
+100%
Aumento del tiempo de pantalla en niños de 6–12 años tras la pandemia
7,4 h
Pantalla diaria promedio en adolescentes de 13–18 años
68%
Adolescentes chilenos (12–17) con +6 h de pantalla fuera del horario escolar

De 2 a más de 4 horas: el salto del tiempo de pantalla infantil

Promedio diario de uso de pantallas en niños de 6 a 12 años, antes y después de la pandemia.

Pre-pandemia
~2 h
Post-pandemia
+4 h
Adolescentes hoy
7 h +

Fuentes: Martínez-Cardona y Alanis-Álvarez (2021); CDC (2022); estadísticas de tiempo de pantalla 2025. Cifras aproximadas de referencia.

Manos de una niña usando una tableta con series y videos
De 2 a más de 4 horas al día

Del ocio compartido a la habitación silenciosa

El cambio no es solo de cantidad, sino de lugar y momento. Los estudios muestran una fuerte asociación entre el tiempo de pantalla de los padres y el de los hijos, sobre todo durante las comidas y en el dormitorio. El teléfono se cuela en los espacios que antes eran de conversación y descanso: el 42% de los adolescentes reconoce que usar el móvil antes de dormir afecta la calidad de su sueño, y más de un tercio se acuesta más tarde por los dispositivos.

También cambió el tejido de las amistades: cerca de un tercio de los adolescentes siente que pasa menos tiempo con amigos en persona por el uso del móvil. En muchos hogares no hay reglas claras —en España, 7 de cada 10 familias no las tienen— y casi un tercio de los padres admite usar el dispositivo como “niñera digital”.

El problema rara vez es un solo aparato o una sola tarde. Es el desplazamiento acumulado: cada hora de pantalla es una hora que no está en el sueño, el juego físico o la conversación cara a cara.
La escuela

Lo que cambió en el aula

Si el hogar vivió una transición gradual, la escuela vivió una ruptura. La pandemia obligó a digitalizar la educación de un día para otro —y dejó al descubierto tanto el potencial como las profundas desigualdades del mundo digital.

La pandemia: puente y brecha a la vez

El cierre de escuelas empujó a millones de estudiantes al aprendizaje remoto. Pero el acceso nunca fue parejo. En América Latina, alrededor de 2019, solo un tercio de niños y jóvenes de 5 a 20 años tenía conexión adecuada; y mientras en el quintil más rico el acceso llegaba al 93%, en el más pobre apenas alcanzaba el 53%. La emergencia sanitaria golpeó con más fuerza justo a quienes menos recursos tenían: para muchos, el papel impreso —no la plataforma— fue el único vínculo con la escuela.

98%
Menores que usan internet de forma habitual tras la pandemia (España)
2 de 3
Niños en edad escolar sin internet en el hogar a nivel mundial (UNICEF/UIT)
79
Sistemas educativos con restricciones al celular a inicios de 2025 (eran 60 en 2023)

El péndulo vuelve: sacar el celular del aula

Tras años de digitalización acelerada, la tendencia global se invirtió. Según el Informe GEM de la UNESCO, a comienzos de 2025 unos 79 sistemas educativos habían introducido prohibiciones o restricciones formales al móvil, frente a 60 a finales de 2023 — y la cifra ha seguido creciendo. Brasil, Francia, Corea del Sur, Países Bajos y buena parte de Europa avanzaron con normas nacionales.

El caso de Chile

En diciembre de 2025 se aprobó la Ley N°21.801, que modifica la Ley General de Educación para prohibir y regular el uso de dispositivos móviles en los establecimientos, con vigencia desde el año escolar 2026 y excepciones pedagógicas, médicas y de seguridad. El gobierno la acompañó con la campaña “Modo Aula”. Chile se sumó así al grupo de países latinoamericanos con regulación nacional.

¿Funciona? La evidencia es alentadora pero matizada. Estudios en Bélgica, España y el Reino Unido citados por la UNESCO señalan que retirar los teléfonos mejora los resultados de aprendizaje —sobre todo en el alumnado con peor desempeño—, ayuda a reducir el acoso escolar y mejora la concentración y la autoestima, especialmente entre las niñas. Pero una investigación de la Universidad de Birmingham (publicada en The Lancet Regional Health – Europe), que siguió a más de 1.200 alumnos, no halló diferencias significativas en bienestar mental, ansiedad, sueño o rendimiento entre centros que prohíban el móvil y los que no.

La lección de los expertos es consistente: prohibir en la escuela no basta si no se acompaña de educación digital y de límites en casa. Sin esa segunda pata, el resultado puede ser “menos móviles en el pasillo, pero la misma adolescencia enganchada a la pantalla por la noche”. La fórmula más eficaz, según la OCDE, combina la restricción con enseñar autorregulación.

La escuela puede recuperar la concentración y el vínculo humano dentro de sus muros. Pero la relación sana con la tecnología se construye en los dos mundos que el niño habita: el aula y el hogar.
El nuevo paradigma

La IA entra en la vida diaria

Justo cuando empezábamos a entender el impacto de las redes, llegó una segunda ola. La inteligencia artificial generativa se ha vuelto, en tiempo récord, una herramienta cotidiana para estudiar, escribir y aprender — con oportunidades enormes y riesgos nuevos.

Estudiante trabajando con su computador sentada en la cama
La IA llegó a las tareas

El uso de IA para tareas escolares se duplica en un año

Adolescentes de EE. UU. (13–17) que usan ChatGPT para hacer deberes, según Pew Research Center.

2023
13%
2024
26%
2025 (uso amplio)*
54%

*El 54% corresponde a haber usado chatbots para investigación o resolución de problemas, en la encuesta Pew de otoño 2025. Fuente: Pew Research Center, “How Teens Use and View AI”.

Los usos son variados: buscar información (57%), resolver ejercicios (54%), resumir textos (42%), corregir la escritura (35%). En Argentina, según UNICEF y UNESCO, el 76% de los chicos de 9 a 17 años conoce estas herramientas y el 58% ya las usó. La IA no es una posibilidad futura para esta generación: es su presente.

La oportunidad y el atajo

El potencial es real. La UNESCO y numerosos especialistas describen tutorías personalizadas, apoyo a estudiantes con barreras idiomáticas o discapacidad, y alivio de la carga administrativa docente. Bien usada, la IA puede ser un “compañero de pensamiento”, no un sustituto del pensar.

El riesgo tiene nombre técnico: “cognitive offloading” —descarga cognitiva—, dejar de pensar por uno mismo y delegar en la máquina. Los expertos advierten sobre la dependencia excesiva, el declive de la lectura profunda y la escritura, y la tensión que genera en la evaluación: muchos estudiantes perciben como injusto que unos usen la herramienta sin controles y otros no. Casi la mitad de los estudiantes seguiría usando IA generativa incluso si su institución la prohibiera.

La pregunta ya no es si los jóvenes usarán IA, sino si aprenderán a usarla para pensar mejor — o para dejar de pensar. Esa diferencia se enseña; no se prohíbe.

Frente a las redes sociales llegamos tarde: reaccionamos una década después. Con la IA tenemos una oportunidad distinta —acompañar el cambio mientras ocurre, en lugar de correr detrás. Eso exige que familias, docentes y estudiantes desarrollen criterio, no solo reglas.

Manos a la obra

Qué podemos hacer

Ninguna medida aislada resuelve el problema. Lo que funciona es un acuerdo entre los tres actores que rodean al niño —hogar, escuela y el propio estudiante— tirando en la misma dirección. Estas son medidas concretas, respaldadas por pediatras, educadores y organismos internacionales.

Para madres, padres y cuidadores

Acompañar sin invadir; poner límites con el ejemplo

  1. 1Retrasar el primer smartphone. La evidencia apunta a que cuanto más tarde, mejor; varios especialistas sugieren postergar el móvil con internet y esperar aún más para las redes sociales. Un teléfono básico puede cubrir la necesidad de comunicación sin abrir la puerta a todo.
  2. 2Crear un Plan Digital Familiar. Antes de entregar un dispositivo, acordar por escrito tiempos, espacios, momentos de desconexión y permisos para instalar apps. Revisarlo juntos, no en secreto: acompañar sin vulnerar la intimidad.
  3. 3Proteger las zonas sagradas. Sin pantallas en las comidas ni en el dormitorio, y cargar los dispositivos fuera de la habitación por la noche para cuidar el sueño.
  4. 4Predicar con el ejemplo. El uso de pantalla de los hijos se asocia fuertemente al de los padres. La educación digital empieza por el propio comportamiento del adulto.
  5. 5Ofrecer alternativas reales. Deporte, contacto con la naturaleza, juego libre y amistades cara a cara son factores protectores. No se trata solo de quitar la pantalla, sino de llenar ese tiempo con algo mejor.
  6. 6Devolver autonomía en el mundo físico. Recuperar el “ir solo a la esquina”: pequeñas dosis de independencia real que construyen confianza y tolerancia al riesgo.

Para educadores y escuelas

Ordenar el uso y enseñar criterio, no solo prohibir

  1. 1Restringir el celular durante la jornada. Guardarlo apagado mejora la concentración, la convivencia y reduce el acoso. Funciona mejor cuando la comunidad entiende el porqué, no cuando se impone de un día para otro.
  2. 2Añadir la segunda pata: alfabetización digital. La prohibición sin educación deja intacto el problema fuera del aula. Enseñar cómo operan los algoritmos, el diseño adictivo y la huella digital debe ser parte del currículo.
  3. 3Integrar la IA con intención pedagógica. En lugar de vetarla, definir cuándo y para qué se usa: como tutor, como generador de borradores a criticar, como apoyo — nunca como sustituto del proceso de pensar.
  4. 4Rediseñar la evaluación. Medir el recorrido intelectual del estudiante (borradores, defensa oral, proceso) y no solo el producto final, que la IA puede fabricar. Esto reduce también la sensación de injusticia entre pares.
  5. 5Formarse antes de exigir. Los docentes necesitan capacitación y confianza antes de incorporar IA. Redes de apoyo entre colegas para intercambiar prácticas funcionan mejor que mandatos verticales.
  6. 6Cuidar el bienestar emocional. Integrar apoyo psicológico y detección temprana de señales de ansiedad o aislamiento: la salud mental es hoy parte del proyecto educativo.

Para los propios estudiantes

Pasar de ser usado por la tecnología a usarla con intención

  1. 1Detectar quién controla a quién. La señal de un uso sano es simple: “yo decido cuánto tiempo estoy en el teléfono o el videojuego; no es el teléfono el que me controla a mí”. Observar los propios patrones es el primer paso.
  2. 2Usar la IA para pensar, no para saltarse el pensar. Pedirle que explique, que dé pistas, que discuta un borrador propio — en lugar de entregar su respuesta como si fuera de uno. El aprendizaje ocurre en el esfuerzo, no en el atajo.
  3. 3Verificar antes de confiar. La IA y las redes se equivocan y sesgan. Contrastar con fuentes fiables y sospechar de lo que confirma demasiado bien lo que ya se creía.
  4. 4Diseñar el propio entorno digital. Silenciar notificaciones, sacar el móvil del escritorio al estudiar, usar los propios controles de “tiempo de uso”. Pequeños ajustes que recuperan atención.
  5. 5Proteger el sueño y los vínculos. Dejar el teléfono fuera del dormitorio y priorizar el tiempo cara a cara: son las dos cosas que más protegen el ánimo, según la evidencia.
  6. 6Hablar cuando algo incomoda. Ciberacoso, contactos extraños, contenido perturbador: pedir ayuda a un adulto de confianza no es debilidad, es la herramienta que la desprotección digital nos quitó.
El principio que une todo

La respuesta a la paradoja de Haidt es simétrica a la paradoja misma: dar más autonomía en el mundo real y más acompañamiento en el digital. Menos vigilancia sobre el juego y la calle; más presencia adulta, criterio y educación sobre la pantalla y la IA. No se trata de temer la tecnología ni de rendirse a ella, sino de volver a poner al niño —sus vínculos, su sueño, su capacidad de pensar— en el centro.

Convivir con lo que viene

Esta generación crecerá con herramientas que sus padres no tuvieron y que sus profesores están aprendiendo al mismo tiempo que ellos. El desafío no es blindarlos ni abandonarlos, sino caminar a su lado: darles el mundo real de vuelta y enseñarles a habitar el digital con criterio.

La tecnología no es neutral, pero tampoco es destino. Lo que hagamos hoy —en la mesa de la cena, en la sala de clases y en cada decisión de diseño— define qué clase de relación tendrá esta generación con las máquinas que la acompañarán toda la vida.

Fuentes principales consultadas Jonathan Haidt, La generación ansiosa (2024) · Pew Research Center, “How Teens Use and View AI” (2024–2026) · UNESCO, Informe GEM sobre restricciones al móvil (2025) · Asociación Española de Pediatría, recomendaciones sobre pantallas (dic. 2024) · CEPAL, “Educación en tiempos de pandemia” · UNICEF / UIT sobre brecha digital · Ministerio de Educación de Chile, Ley N°21.801 y campaña “Modo Aula” (2025–2026) · Subsecretaría de la Niñez (Chile), Encuesta Nacional de Actividades y Tiempo Libre 2023 · The Lancet Regional Health – Europe (Univ. de Birmingham) · estudios recogidos en ScienceDirect, SciELO, Infobae y CLACSO. Las cifras son de referencia y provienen de estudios con metodologías y poblaciones diversas.
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